Recientemente hemos
celebrado en el Rincón Lento de Guadalajara, dentro de un ciclo de charlas y
ponencias medioambientales, el debate
“Agricultura intensiva y cadena alimentaria. ¿Se puede hacer de otra manera”,
en el que intervinieron un hortelano ecológico, una médica de atención primaria
y un aprendiz de campesino. Los tres dejaron claro que existen alternativas a
la agricultura intensiva para continuar alimentando a la población mundial. Os
resumimos las conclusiones:
Curro
Martín, hortelano ecológico: Lleva toda la vida
cultivando en ecológico, por tanto sí que es posible producir de otra manera,
sin productos químicos. Usa acolchados de paja, cartones para sombra, papeles
especiales para acolchado y, si no hay otra posibilidad, acolchados de plástico
(en invernadero). De esta forma controla el crecimiento de hierbas, sin
herbicidas y por supuesto sin usar glifosatos. La paja tiene la ventaja de que
mantiene la humedad del suelo y sus restos lo enriquecen.
También usa cubiertas
vegetales, como cebada y guisante forrajero, para controlar estas hierbas.
Antes de que granen se desbroza y de esta manera se consigue además abono verde.
Es posible cultivar en
ecológico, pero hace falta voluntad porque es más complicado y, además, se
produce menos que en intensivo.
Denunció que, al contrario
que en otros casos, no se exigen carnets de manipulador para el uso de
herbicidas, que se pueden encontrar con suma facilidad en superficies
comerciales.
Según su experiencia, la
producción ecológica no es susceptible de sufrir grandes plagas, ya que está
basada en la variedad de cultivos, lo que no sucede con los grandes
monocultivos.
Sandra
Castro, médica de familia: La agricultura intensiva tiene una gran
dependencia de los pesticidas, que no son otra cosa que venenos. Aunque se han
detectado efectos negativos en la fauna, las autoridades argumentan que no es
concluyente su afectación a humanos, porque es muy complicado, usar una
metodología válida para estudio científico, sólo estudios observacionales que
no se valoran adecuadamente.
Los pesticidas tienen los
siguientes efectos indeseados en la salud humana:
-
Cóctel tóxico con otras sustancias. No se
aplica el principio de precaución y hay intereses económicos y políticos muy
fuertes para seguir promocionando su uso. La mezcla de compuestos en pesticidas
incrementa su toxicidad, compuestos que pasan a los alimentos, al agua, al
terreno e incluso al aire.
- Disruptores endocrinos. Los compuestos de los herbicidas son muy similares a las hormonas humanas, por lo que ocasionan problemas reproductivos y neurológicos, alergias, asma, trastornos tiroideos, diabetes, obesidad o cánceres de mama, de próstata y testiculares.
- Cambios epigenéticos, de manera que los genes se leen de forma diferente y se potencian los que son patológicos. Afectan directamente a los óvulos y los espermatozoides.
- Reducción de la microbiota natural en nuestros cuerpos, lo que se traduce en inflamación crónica y alteraciones metabólicas, del sistema inmunitario y del sistema nervioso.
Recordó que, en el pasado,
muchos productos, como el DDT, se consideraban seguros para las personas
durante años, pero que se ha comprobado su peligrosidad y ahora están
prohibidos. Lo mismo puede ocurrir con los pesticidas autorizados. En concreto,
en el caso del glifosato la OMS reconoce que es potencialmente cancerígeno y
está demostrada su toxicidad, pero en España se sigue utilizando libremente y
la Unión Europea continúa aplazando su prohibición por las presiones que
recibe.
Quinciano
Borja Gómez, aprendiz de campesino: Explica que el concepto de
campesino conlleva una actitud combativa por sus semillas, la tierra y el agua,
que han sido históricamente robados. El campesino trabaja CON la tierra,
mientras que el agricultor trabaja DE la tierra.
Los campesinos respetan el
suelo, que es el principal bien del que disponen. Hay que distinguir la
agroecología, que tiene un componente social, no esquilma los acuíferos, ni
explota a sus trabajadores; de la agricultura ecológica, que no tiene por qué
respetar estas limitaciones.
Insistió en distinguir
productividad y rentabilidad. Aunque la agricultura intensiva produce más, es
menos rentable, porque este incremento de la producción hunde los precios.
Está convencido de que la agroecología puede alimentar al mundo. El 80% de la producción mundial corresponde a la agricultura familiar. Pero, debido a la agricultura intensiva, se genera un 60% de excedente y el 30% se desperdicia y se tira.


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