Resumen de la charla de Natalia
Díaz del 15 de abril de 2026 en Guadalajara
DESPOBLACIÓN: HACIA UN NUEVO
PARADIGMA RURAL
LA SERRANÍA CELTIBÉRICA
La Asociación
para el Desarrollo de la Serranía Celtibérica (ADSC) inicia su andadura en
Teruel en 2011 impulsada por el catedrático de Prehistoria y arqueólogo Francisco
Burillo Mozota. Su objetivo es visibilizar y luchar contra la despoblación de la
“Serranía Celtibérica”, nombre que alude a la raíz histórica y
cultural común de una zona habitada en el pasado por diferentes tribus
celtíberas. Este territorio abarca 5
Comunidades Autónomas (áreas de Aragón, Castilla La Mancha, Castilla y León,
Comunidad Valenciana y La Rioja) y 10 provincias, con una densidad de población
inferior a 8 hab/km2. Su extrema despoblación la ha llevado a ser conocida como la “Laponia española”. En el año 2018
se crea la sección de Guadalajara, provincia que alberga uno de los territorios
más despoblados del sur de Europa.
NORMATIVAS EUROPEAS Y CÓMO AFECTAN A LAS ZONAS DESPOBLADAS
La Carta Magna de la
Unión Europea tiene como objetivo lograr la cohesión económica, social y
territorial europea y así equilibrar las diferencias de desarrollo entre
países. La intención es que las zonas más desfavorecidas reciban los Fondos Europeos
Estructurales y de Cohesión.
En 1994, Finlandia,
Noruega y Suecia firman el Tratado de Adhesión y la distribución de los Fondos
Estructurales se pone como objetivo prioritario ayudar a las regiones con baja
densidad de población. La Laponia, un extenso territorio al norte de los países
nórdicos, se verá beneficiada con ello. En el año 2007, los países miembros
ratifican el Tratado de Funcionamiento de la UE (TFUE). Dos artículos resultan
de importancia para España:
Artículo 349
por el que se reconoce una
condición especial a las zonas Ultraperiféricas de la Unión Europea (Islas Canarias,
Guadalupe, Guyana francesa, Martinica, Azores, Madeira) debido a su lejanía,
insularidad, reducida superficie, relieve, clima adverso y dependencia económica
de un reducido número de productos. Estas regiones van a tener acceso a los
fondos estructurales y a medidas adicionales de actuación que se detallan más
adelante.
Articulo 174
que pone el acento en la
Cohesión Territorial como criterio adicional, aparte del social y económico, para
reducir las diferencias de desarrollo y el retraso de las regiones más desfavorecidas.
En él se especifica que se priorizarán las zonas rurales, las zonas afectadas
por una transición industrial, y las regiones que padecen desventajas naturales
o demográficas.
Con el fin de poder armonizar
datos y realizar el análisis socio-económico que ayude a gestionar los Fondos
de Cohesión, se establece una nomenclatura que acuerda un orden jerárquico a
las regiones:
NUTS (Nomenclatura
de Unidades Territoriales Estadísticas)
NUTS 1: Grandes regiones
socioeconómicas, entre 3 y 7 millones de habitantes. Sería el caso de los länders alemanes (Sajonia, Baviera,
etc.) o de las agrupaciones de CCAA en España, como el Noroeste (Galicia,
Asturias y Cantabria), etc.
NUTS 2: Regiones básicas para
políticas regionales (p. ej. cada
una de las Comunidades Autónomas en España).
NUTS 3: Pequeñas regiones (p.
ej. provincias en España).
Unidades de
Administración Local (LAU)
Sirven para recopilar estadísticas que faciliten el análisis a
nivel local y de municipios.
Dentro de la categoría de NUTS
2 (regiones), la UE define como “áreas escasamente pobladas” las de <12
hab/km2 y como “muy escasamente pobladas” las <8 hab/km2 (lo que la UE llama
“desierto demográfico”). Esta última condición la cumple Laponia (con menos de
8 hab/km2). Serranía Celtibérica, sin embargo, y a pesar de tener también una
densidad de población inferior a 8 hab/km2, no encajaría en el concepto NUTS 2 ya
que no se corresponde administrativamente con una Comunidad Autónoma. Es una Interregión y esto dificulta su
reconocimiento como zona unificada de actuación. Las negociaciones para el
periodo de fondos 2021-2027 en la UE limitaron las zonas despobladas a las
NUTS-3 (provincias), eliminando de nuevo la posibilidad de aplicar el art. 174
del Tratado de Funcionamiento de la UE a nuevas zonas “interregionales” o no-administrativas.
La investigadora
Pilar Burillo Cuadrado -del Instituto de Desarrollo Rural Serranía Celtibérica-
mediante una metodología de análisis espacial, agrupó municipios para
identificar territorios continuos con densidades de población inferiores a 8
hab/km² y a 12,5 hab/km², facilitando así la aplicación de fondos europeos a
pesar de ser estas áreas unidades no-administrativas. Estos estudios han sido
fundamentales posteriormente para que muchos municipios recibieran fondos
estructurales y de inversión (FEDER).
EL
CASO DE CANARIAS
En aplicación del
artículo 349, Canarias se beneficia de los Fondos Estructurales y de:
-Un IVA especial
reducido al 7%
-Régimen económico
fiscal especial: impuesto de sociedades más bajo de toda la UE
-Residentes:
descuento del 75% en desplazamientos
-PAC especial (por
cabeza de ovino 21,06€, en la península 11,83€), Beneficios fiscales y
complementos salariales a funcionarios, médicos y profesores, etc.
-Ayuda de hasta el
60% para las grandes empresas (en Teruel es del 20%).
Como resultado de
estas ayudas, a principios del s. XXI la población canaria había aumentado un
25,47%. Desde Serranía Celtibérica reivindicamos y pedimos a la UE que
reconozca, junto a la Franja Céltica (que abarca territorios de Orense, León,
Zamora, Salamanca, Cáceres y Badajoz) nuestra condición de zona desfavorecida en
aplicación del artículo 174 del TFUE, al igual que se aplicó el artículo 349 a
las regiones Insulares Ultraperiféricas.
ESPAÑA Y LA DESPOBLACIÓN
La despoblación se
define como la “disminución de población en un territorio”. Las causas principales
son, por una parte, la migración por falta de oportunidades laborales y por la
búsqueda de un futuro mejor; por otra parte, por las defunciones sin relevo
generacional. Pero hay una tercera causa importante: por “demotanasia”, que se
define como la desaparición de la población en un territorio debido a la
inacción política o a acciones directas.
Hoy día, el 5,57% de los
habitantes de nuestro país vive en el 57,84% del territorio rural mientras que
un 58,91% de los españoles se concentra en el 3,22% coincidente con grandes urbes.
Las zonas escasamente pobladas de España pasaron de tener 6.233.568 habitantes
en 1950 (21,3% hab/km2) a 2.621.370 habitantes en 2019 (8,96 hab/km2). Esto nos
remite a un dato importante: El número de habitantes de Laponia, en general, se
mantiene estable, es una población que a lo largo de los siglos se ha
adaptado a vivir en un entorno hostil y difícil. Cuando hablamos de la
despoblación de la España rural hablamos de un proceso constante en el tiempo, de
despoblación por demotanasia. Y la Serranía Celtibérica, con una densidad de 7,09
hab/km2, es en la actualidad el mayor territorio despoblado del sur de Europa.
(Áreas del Sur de Europa Escasamente Pobladas – SESPAs.
Se puede apreciar la delimitación de Serranía Celtibérica y la
Franja Céltica)
En
2018, la Asociación pidió al Defensor del Pueblo que declarase la Serranía
Celtibérica como “zona catastrófica demográfica”. El defensor del Pueblo, en su
informe de 2019 “La situación demográfica en España”, se pregunta “si
nuestra sociedad puede permitirse que una parte de su población viva al margen
del propio país”. Esta situación genera una brutal brecha de desigualdad en
el acceso a los servicios públicos básicos. “Lo que está en el debate es el
principio mismo de igualdad, el acceso a los derechos y libertades que deben
aplicarse a todos los españoles, vivan donde vivan.”
EL GRAVE CASO DE GUADALAJARA y LA LUCHA POR LA IDENTIDAD RURAL
El
caso de Guadalajara nos da una idea de la importancia de poner el foco en las
NUTs no-administrativas a la hora de evaluar la situación demográfica: El
Corredor del Henares de Guadalajara se considera zona periurbana de Madrid y tiene
una densidad de población de 237,63hab/km2 (2019). Según el INE, Guadalajara es
la provincia que más crece desde el punto de vista económico y demográfico, cuando
la realidad es que el 92,90% de su territorio -perteneciente a la NUT
no-administrativa de Serranía Celtibérica- tiene una densidad de población de 4,30
hab/km2 (3,9 hab/km2 antes del Covid 19). Según datos de junio de 2025, de los 288
municipios con los que cuenta Guadalajara, 230 están en “riesgo extremo de
despoblación” (menos de 8hab/km2), 20 municipios están en “riesgo de
despoblación” (menos de 12hab/km2) y solo 30 municipios mantienen estable su
población o la han aumentado.
La estadística, sin
embargo, se basa en el número de personas empadronadas en un municipio, no en
la población real que vive
todo el año en el pueblo. Esto es relevante no solo por una cuestión de números
que nos llevaría a reducir al menos a la mitad, si no mucho más, la densidad de
población. La relevancia está en que un pueblo con un puñado de residentes -que
a veces se pueden contar con los dedos de una mano- pierde también prioridad a
la hora de impulsar servicios públicos: la atención médica se espacia; el
transporte público disminuye; no se abren nuevos negocios, no compensa
gestionar un bar que solo llena caja en vacaciones, se cierran cajeros
automáticos… El acento y los esfuerzos se ponen a menudo más en la población
empadronada que viene de vacaciones o cuando hace buen tiempo, y en los
turistas estacionales. Se piensa en servicios que aporten a esta población
intermitente: parques infantiles, polideportivos, bares, transporte público
frecuente estacional, etc. Siendo
realistas -y debemos serlo- muchos de estos pequeños pueblos, pedanías o no, terminarán
desapareciendo como pueblos vivos, aunque puedan seguir funcionando como
pueblos vacacionales, cuyas necesidades serán muy distintas a las de un
habitante en permanencia.
El mundo rural sigue pidiendo
que peleemos por él y en esta lucha no podemos pecar de ingenuos. Su
pervivencia se basa en la pervivencia de su identidad y no en parches asistenciales
o en acumulación numérica desarticulada y desequilibrada. Y ¿cuál es esta
identidad? No dejar que se pierda la memoria de tradiciones y querencias, de
una forma de ver y sentir, es muy importante para la identidad rural; pero
también lo es aceptar que están entrando nuevas fórmulas y conceptos que suponen
un cambio de cosmovisión a gran escala: teletrabajo, IA y nuevas tecnologías,
profesiones versus oficios, sociedad del bienestar y búsqueda de riqueza, lo
individual frente a lo comunitario… Aún así, las reivindicaciones no envejecen:
servicios públicos accesibles y para todos, centros de salud, colegios,
escuelas y universidad; transporte público, mejora de vías terrestres de
comunicación, acceso a artículos y productos de primera necesidad, conectividad
para todos. El arraigo, la tradición y la identidad no sirven para repoblar,
pero sí pueden servir para fijar población y para sostener una lucha común. No
importa ser pocos, todos tenemos los mismos derechos. Y nuestra identidad rural
deberá ser la que queramos y la que defendamos entre todos.