Resumen IMPACTO DE
LOS CENTROS DE DATOS EN LOS TERRITORIOS realizada en el Rincón Lento el sábado
21 de marzo de 2026
Impacto ecosocial de los
centros de datos en los territorios rurales
El pasado sábado 21 de marzo,
Aurora Gómez, de la plataforma Tu Nube Seca Mi Río, ofreció una charla en El
Rincón Lento (Guadalajara) sobre el impacto ecosocial de los centros de datos.
Una intervención que, lejos de ser técnica, fue profundamente política: una
invitación a cuestionar el modelo de desarrollo que se quiere imponer en los
territorios rurales.
Porque la nube, esa metáfora
amable que solemos utilizar, no es algo etéreo. No flota ni es inmaterial. Son
enormes naves industriales llenas de servidores que necesitan grandes
cantidades de energía y agua para funcionar y refrigerarse. Especialmente los
centros de datos de hiperescala, diseñados para el crecimiento constante del
procesamiento digital, que requieren sistemas de refrigeración líquida y, por
tanto, consumos cada vez mayores de agua.
Ese fue el primer mensaje de la
charla: el mundo digital no es limpio ni invisible. Tiene impactos
territoriales reales. Detrás del streaming, la inteligencia artificial o el
almacenamiento en la nube hay infraestructuras que consumen recursos y generan
desigualdades. La pregunta es inevitable: ¿son conscientes nuestros
gobernantes?
Territorios rurales como
nuevas zonas de sacrificio
Aurora Gómez explicó cómo estos
centros de datos llegan a territorios rurales bajo promesas de desarrollo
económico, empleo y sostenibilidad. Sin embargo, el patrón que se repite en
distintos lugares del mundo es otro: se busca suelo barato, escasa oposición
política, disponibilidad energética y facilidades para el acceso al agua.
Así, los territorios rurales
corren el riesgo de seguir perpetuándose como “zonas de sacrificio”, ahora bajo
la etiqueta del desarrollo digital. Grandes infraestructuras que acaparan
recursos locales mientras los beneficios se concentran, una vez más, en grandes
corporaciones ajenas al territorio.
Un consumo energético descomunal
El crecimiento energético de esta
industria es alarmante. En Estados Unidos, los centros de datos concentrarán
casi la mitad del aumento de la demanda eléctrica hasta 2030, mientras que en
Europa la expansión de la inteligencia artificial podría disparar el consumo
energético un 160% en cinco años. Esta creciente demanda no solo incrementa las
emisiones -que podrían alcanzar los 300 millones de toneladas de CO₂ en 2035-,
sino que también presiona al alza los precios de la electricidad. Ya está ocurriendo
en Irlanda, donde el operador eléctrico EirGrid ha advertido de que el fuerte
consumo de los centros de datos está tensionando la red, obligando a nuevas
inversiones y contribuyendo al encarecimiento de la electricidad para hogares y
pequeñas empresas
Los centros de datos se beben
el agua que no tenemos
Uno de los aspectos más
preocupantes es el consumo de agua potable. En un contexto de crisis climática
y estrés hídrico creciente, los centros de datos pueden agravar los conflictos
por un recurso cada vez más escaso, especialmente en regiones vulnerables como
Castilla-La Mancha.
Además, la falta de transparencia
de muchas empresas dificulta conocer el consumo real, lo que alimenta la
sospecha de que utilizan mucha más agua de la que declaran. A esto se suman
otros impactos, como la contaminación térmica del agua, la alteración de
ecosistemas o la competencia con la agricultura y el abastecimiento humano.
Ese ruido constante
Otro impacto menos conocido es la
contaminación acústica. Los centros de datos generan ruido continuo:
enfriadores, ventiladores, generadores diésel, vibraciones permanentes. Un
zumbido constante que no se detiene nunca y que empeora en verano. Así lo
denuncian vecinos de lugares donde ya están implantados, como en Printers Row (Chicago),
donde la población lleva tiempo alertando del ruido permanente que tienen que
soportar proveniente del centro de datos cercano.
Promesas de empleo… y realidad
Otro eje de la charla fue
desmontar la narrativa del desarrollo económico. Aunque estos proyectos se
presentan como generadores de empleo, la realidad es que son infraestructuras
altamente automatizadas, con escasa creación de puestos de trabajo una vez
construidas.
Además, muchas empresas negocian
incentivos fiscales y subsidios antes de instalarse, reduciendo el retorno
económico para las comunidades locales. Así, el modelo no solo no fortalece la
economía local, sino que puede aumentar la dependencia y la desigualdad
territorial.
Otro modelo de desarrollo
rural es posible
La charla no se quedó en la
crítica, sino que planteó una reflexión de fondo: ¿es posible un uso digital
responsable? ¿Qué entendemos por desarrollo rural?
La respuesta a la primera
cuestión fue clara: sí, y esto exige una reflexión profunda sobre nuestros
hábitos digitales y su impacto real. En cuanto al desarrollo rural, desde los
territorios se defiende una visión basada en la sostenibilidad, el equilibrio
territorial y el cuidado de los recursos, que preserve la identidad rural y
apueste por energías renovables a pequeña escala, comunidades energéticas y
reducción del consumo, frente a macroproyectos centralizados que concentran
poder y recursos lejos de nuestros pueblos.
El debate sobre los centros de
datos no es solo tecnológico, sino político. Tiene que ver con quién decide el
futuro de los territorios y con qué criterios. La digitalización, como la
transición energética, puede servir para construir un futuro más justo o para
repetir las desigualdades de siempre.
Y esta preocupación no es solo
local. La propia Organización de las Naciones Unidas, a través de su relator
especial sobre los derechos humanos al agua potable, ha advertido de los graves
impactos de la expansión de los centros de datos y ha planteado la necesidad de
frenar su despliegue hasta evaluar sus consecuencias. La experiencia en los
territorios donde ya se han instalado refuerza esa alerta: alto consumo de
recursos, escaso empleo y creciente rechazo social. Nadie quiere convertirse en
la próxima zona de sacrificio.
Por eso, si el Gobierno de Emiliano
García Page cree de verdad que este nuevo desarrollo industrial traerá
prosperidad a los pueblos, debería demostrarlo con datos y abrir el debate a la
participación ciudadana. Porque los datos y las experiencias conocidas apuntan
justo en la dirección contraria, hacia un modelo que vuelve a situar al mundo
rural como territorio de sacrificio, una vez más.