martes, 17 de marzo de 2026

La estación de calidad del aire de Guadalajara está mal ubicada y no mide la contaminación real de la ciudad

 


El informe de Ecologistas en Acción sobre la ubicación de las estaciones de calidad de aire revela que la estación de Guadalajara, situada en la calle Atienza, está mal ubicada, puesto que está lejos de una vía con tráfico intenso continuado y, por tanto, no mide adecuadamente el nivel de contaminación real en la ciudad. 

El punto de muestreo de la calle Atienza no se sitúa directamente sobre un eje viario principal, ni en una vía con tráfico intenso continuo, sino en un entorno de circulación moderada, alejado de los principales focos de emisión de contaminantes por el tráfico. 

La estación está localizada en un área residencial, con edificación abierta, espacios verdes y una red viaria secundaria. La vía con mayor tráfico más próxima es la calle Constitución, que está suficientemente alejada para no influir en las concentraciones de contaminantes registradas. 

Ecologistas en Acción demanda la ubicación de una nueva estación de calidad del aire en una de las principales vías de tráfico urbano de Guadalajara, como única forma de poder medir adecuadamente el nivel de contaminación al que se exponen sus habitantes y, por tanto, poder tomar medidas al respecto. 

Tres de cada cuatro medidores en España están mal ubicados 

El informe “Tráfico y calidad del aire urbano en el Estado español”, publicado por Ecologistas en Acción, analiza la ubicación de las estaciones urbanas de medición de la calidad del aire orientadas al tráfico en 25 ciudades españolas principales, incluyendo las 17 aglomeraciones de más de 250.000 habitantes y algunas ciudades menores que se han estudiado para analizar al menos un núcleo urbano en todas las comunidades autónomas.

 La nueva normativa europea establece que la ubicación de los puntos de muestreo destinados a la protección de la salud humana deberá proporcionar datos fiables sobre los niveles de concentración en los puntos críticos de contaminación atmosférica, preferiblemente en áreas sensibles como zonas residenciales, escuelas, hospitales, centros de vivienda asistida y zonas de oficinas. 

Como resultado de estudio realizado, se ha obtenido que tres cuartas partes de las estaciones analizadas (19 de 25) presentan algún grado de limitación en relación con los criterios de implantación establecidos, ya sea por incumplimientos parciales o completos, entre ellas la única estación de Guadalajara, localizada en la calle Atienza. 

Como conclusión final, el informe de Ecologistas en Acción pone de manifiesto que sólo una pequeña parte de las estaciones analizadas cumple adecuadamente su función en términos de representatividad de la exposición de la población, existiendo un porcentaje mayoritario de emplazamientos cuya adecuación es limitada o claramente insuficiente conforme a los requisitos establecidos en la nueva Directiva europea sobre la calidad del aire.

 Por ello, la organización ambiental pide al Gobierno de España que en el proceso actual de transposición de la Directiva al derecho interno español, se establezca un plazo temporal de un año para que las autoridades competentes revisen la ubicación de las estaciones urbanas oficiales de medición de la calidad del aire orientadas al tráfico, asegurando el emplazamiento en cada aglomeración de al menos una estación de medición en un punto crítico de contaminación atmosférica, minimizando así el riesgo de que las superaciones de valores límite pasen desapercibidas. Dicho proceso de revisión de la ubicación de las estaciones de medición debería estar sujeto a un proceso de participación ciudadana.


Debate sobre agricultura intensiva: hay alternativas

 


Recientemente hemos celebrado en el Rincón Lento de Guadalajara, dentro de un ciclo de charlas y ponencias medioambientales,  el debate “Agricultura intensiva y cadena alimentaria. ¿Se puede hacer de otra manera”, en el que intervinieron un hortelano ecológico, una médica de atención primaria y un aprendiz de campesino. Los tres dejaron claro que existen alternativas a la agricultura intensiva para continuar alimentando a la población mundial. Os resumimos las conclusiones:

Curro Martín, hortelano ecológico: Lleva toda la vida cultivando en ecológico, por tanto sí que es posible producir de otra manera, sin productos químicos. Usa acolchados de paja, cartones para sombra, papeles especiales para acolchado y, si no hay otra posibilidad, acolchados de plástico (en invernadero). De esta forma controla el crecimiento de hierbas, sin herbicidas y por supuesto sin usar glifosatos. La paja tiene la ventaja de que mantiene la humedad del suelo y sus restos lo enriquecen.

También usa cubiertas vegetales, como cebada y guisante forrajero, para controlar estas hierbas. Antes de que granen se desbroza y de esta manera se consigue además abono verde.

Es posible cultivar en ecológico, pero hace falta voluntad porque es más complicado y, además, se produce menos que en intensivo.

Denunció que, al contrario que en otros casos, no se exigen carnets de manipulador para el uso de herbicidas, que se pueden encontrar con suma facilidad en superficies comerciales.

Según su experiencia, la producción ecológica no es susceptible de sufrir grandes plagas, ya que está basada en la variedad de cultivos, lo que no sucede con los grandes monocultivos.

Sandra Castro, médica de familia: La agricultura intensiva tiene una gran dependencia de los pesticidas, que no son otra cosa que venenos. Aunque se han detectado efectos negativos en la fauna, las autoridades argumentan que no es concluyente su afectación a humanos, porque es muy complicado, usar una metodología válida para estudio científico, sólo estudios observacionales que no se valoran adecuadamente.

Los pesticidas tienen los siguientes efectos indeseados en la salud humana:

-        Cóctel tóxico con otras sustancias. No se aplica el principio de precaución y hay intereses económicos y políticos muy fuertes para seguir promocionando su uso. La mezcla de compuestos en pesticidas incrementa su toxicidad, compuestos que pasan a los alimentos, al agua, al terreno e incluso al aire.

 -        Disruptores endocrinos. Los compuestos de los herbicidas son muy similares a las hormonas humanas, por lo que ocasionan problemas reproductivos y neurológicos, alergias, asma, trastornos tiroideos, diabetes, obesidad o cánceres de mama, de próstata y testiculares.

 -        Cambios epigenéticos, de manera que los genes se leen de forma diferente y se potencian los que son patológicos. Afectan directamente a los óvulos y los espermatozoides.

 -        Reducción de la microbiota natural en nuestros cuerpos, lo que se traduce en inflamación crónica y alteraciones metabólicas, del sistema inmunitario y del sistema nervioso.

Recordó que, en el pasado, muchos productos, como el DDT, se consideraban seguros para las personas durante años, pero que se ha comprobado su peligrosidad y ahora están prohibidos. Lo mismo puede ocurrir con los pesticidas autorizados. En concreto, en el caso del glifosato la OMS reconoce que es potencialmente cancerígeno y está demostrada su toxicidad, pero en España se sigue utilizando libremente y la Unión Europea continúa aplazando su prohibición por las presiones que recibe.

Quinciano Borja Gómez, aprendiz de campesino: Explica que el concepto de campesino conlleva una actitud combativa por sus semillas, la tierra y el agua, que han sido históricamente robados. El campesino trabaja CON la tierra, mientras que el agricultor trabaja DE la tierra.

Los campesinos respetan el suelo, que es el principal bien del que disponen. Hay que distinguir la agroecología, que tiene un componente social, no esquilma los acuíferos, ni explota a sus trabajadores; de la agricultura ecológica, que no tiene por qué respetar estas limitaciones. 

Insistió en distinguir productividad y rentabilidad. Aunque la agricultura intensiva produce más, es menos rentable, porque este incremento de la producción hunde los precios.

Está convencido de que la agroecología puede alimentar al mundo. El 80% de la producción mundial corresponde a la agricultura familiar. Pero, debido a la agricultura intensiva, se genera un 60% de excedente y el 30% se desperdicia y se tira.